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En promedio los humanos tenemos 4 mil semanas de vida. Si me va bien, me quedan 2,242 semanas en este cuerpo. La esperanza de vida en México para mujeres es de 78 años, tengo 35.

 

En las últimas semanas he reflexionado sobre el tiempo y cómo lo usamos. Bueno, sobre cómo lo uso vs. cómo me imagino/deseo que voy a usarlo. Siempre hay una diferencia abismal entre mi deseo y la realidad.

 

Mi reflexión se intensificó por un acontecimiento (aparentemente trivial): llegué tarde a una cena romántica. Suelo hacer eso, llegar tarde (no al trabajo) pero sí a lo demás. Y si llego a tiempo lo logro corriendo y sudando. Siempre al límite y con el tiempo pisándome los talones.

 

Llego tarde porque en mi fantasía tengo tiempo de hacer todo lo que deseo hacer. En mi mente “no hay prisa” y “soy muy chingona para hacer todo lo que quiero.” Mi lista de cosas por hacer en el día (hago una diario) con frecuencia es demasiado ambiciosa.

 

En medio de profundas reflexiones sobre el tiempo decidí ir a mi aplicación de cabecera: “Waking up” de Sam Harris (si no lo conocen échenle un ojo en Twitter, Youtube, etc.). Sabía que encontraría algo interesante.

 

En efecto, como si el algoritmo hubiera leído mi mente, la primera recomendación para era una serie de audios llamados “manejo del tiempo para mortales” (Time management for mortals), de Oliver Burkeman.

 

Les cuento la esencia de estos audios. Oliver hace una crítica de los coaches y libros de autoayuda que prometen tener LA estrategia para lograr más cosas en menos tiempo. Nos hacen creer que podemos hacer todo lo que queremos, todo es cuestión de organización, ánimo y echarle ganas.

 

Él mismo confiesa haber sido uno de estos obsesivos con la productividad. Después de fracasar en la búsqueda de LA estrategia perfecta para la eficiencia y la felicidad, se rindió y llegó a una conclusión: tratamos de hacer más en menos tiempo para evadir el hecho de que somos mortales,  es imposible hacer todo lo que queremos y la vida está llena de “interrupciones” a nuestros perfectos planes. En realidad esas interrupciones y “fallas” son la vida misma.

 

Para Oliver en el meollo del manejo de tiempo está el tomar decisiones. Aprendí que etimológicamente “decidir” viene de cortar, separar, dejar de lado.

 

Oliver habla de manera sabia sobre el verdadero significado de procrastinar (imposibilidad de decidir), de las distracciones (evasión de la incomodidad que nos genera lo que estamos haciendo en el momento), de la importancia de dejarnos “interrumpir” por las demás personas (ya que no somos monjes), del valor de tomar un camino con determinación y dejar atrás otros, de la paciencia y la constancia.

 

Esta serie de audios, no exagero, me marcará de por vida. Detonó una profunda reflexión sobre mi relación con el tiempo. Detecté que planeo mis días y mi vida como si tuviera el tiempo a mis pies:

 

  • Me considero alguien que ha vivido a su propio ritmo (con sus pros y contras), me tomé dos años sabáticos entre la prepa y la universidad, dos años para hacer mi tesis de licenciatura, empecé de cero una carrera universitaria a los 33.
  • Tiendo a ocupar más tiempo planeando que ejecutando, más horas imaginando la perfección que disfrutando los logros. Cuando finalmente ejecuto, me tardo en parar, en cortar, en ponerle punto final a un proyecto porque siento que “podría ser mejor”, “que le falta poquito más para estar listo”.
  • El año pasado abrí este blog y mi cuenta de Instagram. Me tomó meses decidir el nombre (Chingonas y chingadas), semanas elegir a quién contratar para que hiciera la página, luego la estructura, después las fotos, el tipo de letra, la paleta de colores, etc. Fue un suplicio para mí enfrentarme a tantas decisiones sin tener un jefe/cliente que me pusiera una fecha límite.
  • Mi mamá, en la misma época que yo armaba este espacio, se echó una remodelación completa de su casa. Cada semana nos mandaba fotos de avances: se construyeron cosas físicas desde cero, aparecieron muros, techos, y pisos que no existían. Eligió colores, texturas, muebles e instaló un calentador solar en la mitad del tiempo que me tomó a mí decidir cómo se llamaría el blog.
  • Si no hiciera un esfuerzo sobrehumano mis clases de yoga durarían 3 horas, como si las personas solo se dedicaran a eso. Por eso me compré un smartwatch que vibra cada que pasan 10 minutos de clase, es mi encuentro con la limitada realidad.
  • Los eventos a los que quiero ir, los libros que quiero leer y las películas interesantes por ver desbordan mi agenda, calendarios y planificadores semanales. Y ni hablar la cantidad de Reels y Tik toks que guardo con ideas nuevas para mis clases de yoga.
  • Con frecuencia se me echa a perder la verdura en el refri (¡¿cómo, qué no está ahí para cuando YO me la quiera comer?!). Un día me dejó un avión. Cerraron la puerta cuando estaba a unos metros de él… fue demasiado tarde.
  • Cuando mi papá estaba muy enfermo tomé la decisión de “ese fin de semana pedirle que hiciéramos juntos las salsas que tan bien le quedaban,” quería apuntar las recetas. También ahí fue demasiado tarde, cuando llegué ya hablaba poco y no se levantaba de la cama.

 

Hay cosas en la vida para las que sí se acaba el tiempo. Y en el día a día tampoco lo hay para todo, por más eficiente y organizada que sea. Hoy estamos rodeadas de frases como “los 30 son los nuevos 20”, y luego “los 40 son los nuevos 30”, “nunca es demasiado tarde”, etc. etc. Es un peligro pensar que somos inmortales y omnipotentes.

 

Todo tiene un tope. Es un arte distinguir los tiempos impuestos socialmente que vale la pena evadir y aquellos que más bien hay que asumir con humildad y con nuestra pequeñez.

 

Cada que decidimos en qué y con quién pasamos nuestro tiempo implica una pérdida porque cerramos mil posibilidades y nos quedamos solo con UNA.

 

Decidir nos limita, nos acota, nos hace enfrentarnos a nuestra finitud y pequeñez. Al mismo tiempo nos da dirección y sentido. La vida está plagada de mini duelos, de soltar todo lo que en nuestra imaginación pudimos haber hecho, aprendido, emprendido, logrado y que no hacemos porque no hay tiempo de todo.

 

Y ahora sí que como dice mi sabia madre: antes de tomar una decisión piénsalo dos veces (pero solo dos, no mil) y una vez que la tomes no mires atrás.

 

Si les interesa este tema les recomiendo escuchar los audios de Oliver en Waking Up. Pueden registrarse para tener una semana de prueba sin costo y también está la opción de pedir una beca” por un año.  El único inconveniente es que la aplicación solo está en inglés.

 

 

 

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