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Hoy les quiero recomendar dos episodios de un podcast que me gusta mucho. El tema de ambos es el trabajo en equipo. 

El podcast es “Work Life” de Adam Grant y su lema es “Make work not suck”, o sea su misión es hacer que el trabajo no sea algo jodido. Adam es psicólogo organizacional, de esos que se dedican a entender a los humanos que trabajan juntos y de manera organizada.

Trabajar en equipo es un reto para mí. No se me da de manera natural, cuando lo hago debo poner esfuerzo y mucha conciencia. Durante mis años de escuela era la típica que prefería hacerlo todo yo sola. Si no había opción y el trabajo era en equipo, prefería cargar con la mayor responsabilidad y poner el nombre de los demás. O sea era la compañera de equipo perfecta para los huevones (o listos), porque aceptémoslo, los hay en todos lados.

Con los años me he dado cuenta que no le hacía un favor a nadie: así es imposible aprender a confiar y a desarrollar habilidades sociales, hay una soberbia bastante jodida detrás de ese control (“solo yo sé hacerlo”), y querer que todo se haga “como uno quiere” solo ocasiona ansiedad y angustia a lo pendejo.

Habiendo ya desahogado mis relación compleja con el trabajo en equipo, les comparto algunas notas de lo que me llamó la atención de cada episodio del ya mencionado podcast (que lamentablemente solo está en inglés).

 

  1. Podcast Work life, de Adam Grant, Episodio: The Daily Show´s Secret to Creativity

The Daily Show es un programa de política y entretenimiento de Estados Unidos, todos los temas que comparten están atravesados por la comedia y la sátira. El programa existe desde 1996, y actualmente es conducido por Trevor Noah 4 días a la semana.

Adam dedica un episodio de su podcast a este programa por el intenso trabajo creativo que requiere. Imagínense la tarea de armar un buen programa, en tan solo unas horas, todos los días.

Adam se mete al “writers room” de The Daily Show, donde toda la magia ocurre, y entrevista a varios de los integrantes. Señala que está demostrado que la estrategia de “lluvia de ideas” para el trabajo en equipo no suele ser efectiva. ¿Cuál es el problema? que la gente se cohibe, unos pocos dominan la conversación, otros más se quedan callados, y muchos buscan agradar al jefe. 

Bueno, pues al parecer The Daily Show vence estos conflictos. Aquí algunas notas de lo Adam encontró como factores de éxito:

  • Trevor tiene un buen manejo emocional, lo que permite tener un ambiente seguro en donde la creatividad de los integrantes fluye.
  • Existe “seguridad psicológica”:  las personas se sienten confiadas para tomar riesgos.
  • Tener un ambiente de seguridad psicológica no es sinónimo de aplaudir todo lo que dicen los demás. La crítica es bien recibida y es la que permite elevar la calidad del programa.
  • Existe el balance perfecto entre estructura y flexibilidad. Hay una clara organización y definición de roles que permiten tener claridad. En palabras de uno de los integrantes “la estructura da libertad.”
  • Atribuyen el éxito al hecho de saber que hay un equipo de gente chingona trabajando duro. La responsabilidad de tener un buen show no recae en una sola persona. Juntos son pura posibilidad.
  • Conciben el éxito como equipo. A la hora de compartir ideas, el grupo logra tal efervescencia que se pierde registro de quién fue el autor de un chiste: alguien lanza una primera idea, otra persona le suma algo, otra la pule un poco más… y así hasta llegar a un buen sketch.

En este episodio Adam se mete al mundo del deporte. El mensaje principal es que el talento por sí solo no basta, que un equipo de puras “superestrellas” puede ser sinónimo de desastre, y que la clave para tener un buen equipo es la humildad.

Empiezo por lo último. La palabra humildad viene del latín y su raíz es humus, que quiere decir tierra. Para ser humilde hay que “tener los pies en la tierra.” Adam cuenta la historia de Shane Battier, un basquetbolista inteligente, con más humildad que talento. Aquí retomo algunas cosas interesantes de lo dicho por Adam.

Shane sobresalía en el basquetbol universitario y eso lo hizo llegar a la NBA. Una vez ahí, se quedó atrás. Era constantemente relegado por los entrenadores. Shane supo darle la vuelta a su “falta de talento.”

Battier no es el mejor en términos estadísticos: no es quien más puntos anota, ni el que hace tiros de mejor calidad. Su magia reside en sacar lo mejor de cada jugador del equipo y, al mismo tiempo, hace que los contrincantes sean menos eficaces. Esto lo logra con pequeñas acciones que pasan desapercibidas estadísticamente (hay un artículo sobre Shane titulado “The No-Stats All Star”).

En 2011, Shane llegó al equipo de Miami Heats para resolver un desastre. Irónicamente el “desastre” era que este equipo, en 2010, logró tener juntas a tres superestrellas: Lebron James, Chris Bosh y Dwyane Wade. El resultado: tres super egos desastrosos en la cancha. La llegada de Battier puso a cada uno en su lugar, elevando los juegos del equipo.

Adam entrevista a varios psicólogos organizacionales que resaltan dos cosas vinculadas al éxito de Battier: la elevación moral y el contagio emocional. En un equipo las emociones se contagian (para bien y para mal). Tener cerca a alguien a quien le reconocemos su autoridad moral, la cual demuestra con pequeñas acciones en favor del equipo y en detrimento de su éxito personal, impulsa a los demás a hacer lo mismo.

Y al revés, trabajar con una persona que está constantemente tensa, fúrica y de mal humor, desanima al equipo entero. ¿A poco no han deseado que “x” persona no vaya a trabajar para poder estar en paz?

 

Pues esto es lo que quería compartirles hoy.  La invitación está en el título ¡Chingonas y chingones, uníos! Y, antes de unirnos en equipos de trabajo, círculos de amistades y hasta en relaciones de pareja:

a) Pensemos bien con quién lo hacemos porque no todas las combinaciones son exitosas.

b) Veamos qué papel jugamos en esas uniones, ¿somos los que elevamos moralmente a los otros, o los que estresamos y cohibimos a los que nos rodean?

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