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Durante años esa frase rebotó con cada una de mis miles de millones de neuronas. No como consigna política por insatisfacción con el gobierno en turno, sino como consigna  propia.

 

Abril es un mes importante para mí por dos razones: en abril de 2020 empecé a dar clases de yoga en línea, y abril del 2021 fue mi primer mes “sin trabajo.”

 

Hace un año, por primera vez mi supervivencia estaba en mis manos. Ya no había entregas obligadas acordadas con un jefe o cliente, ya no había un depósito seguro en mi cuenta cada mes, adiós al aguinaldo y a las vacaciones pagadas. Después de casi 10 años de dedicarme más o menos a lo mismo, dejé todo para dar clases de yoga y estudiar psicología.

 

Aunque nos encanta que nos digan qué hacer y cómo hacer las cosas, esta no es una guía del estilo “5 pasos para dejar el trabajo que odias y no morir en el intento”.  En las clases de yoga siempre digo que no podemos vernos iguales aunque hagamos “la misma postura”, en la vida es igual. No hay recetas, no hay atajos, y los consejos de cómo “debemos” vivir la vida pueden ser dañinos.

 

Aquí quiero compartir y recapitular el largo viaje que empezó para mí hace 5 años, esperando que a alguien le sirva de algo leerme si es que se encuentran en una crisis vocacional.

 

En 2017 llegué a terapia deprimida, mi mayor aflicción (consciente) era que no estaba satisfecha con mi trabajo. Me iba muy bien económicamente, estaba “a gusto”, pero no me entusiasmaba verme ahí en el futuro.

 

Uno llega a terapia creyendo saber cuál es el problema (y la solución). La sorpresa es cuando te das cuenta que hay otros más profundos. Pues eso me pasó, además se atravesó en el camino la muerte de mi papá y la ruptura de una relación en la que llevaba 10 años. 

 

Con ese panorama evidentemente mi insatisfacción vocacional era lo de menos. Mi trabajo se convirtió en lo único estable en mi vida así que dejé ese tema por la paz por un par de años (sabia decisión).

 

Pero uno solo puede enterrar lo que incomoda por un tiempo, así que, como era de esperarse, la incomodidad resurgió con fuerza. Como ya tenía un poco más de estabilidad emocional, pude retomar el asunto. Se necesita cierta tranquilidad para enfrentarse a una tempestad.

 

A finales del 2019, el que era mi jefe me invitó amablemente a involucrarme más en el trabajo, a ayudarlo de manera más activa a crecer el negocio. Sus ofertas siempre fueron generosas y tentadoras, implicaban un reto profesional y crecimiento económico. Me dijo, algo así: “vete de vacaciones y cuando vuelvas me presentas una propuesta. Yo te apoyo en lo que sea que necesites para hacerla posible.”

 

Me fui de vacaciones. Cada que pensaba en el asunto en lugar de emocionarme sentía una loza encima de mi espalda, no tenía ni PUTA idea de qué proponer. Pensé “me voy a despejar en las vacaciones, ya el primer día de enero, en la oficina, me inspiraré y tendré un plan genial.”

 

Llegó el primer día de enero en el trabajo, 7 de enero de 2020. Nunca llegó el plan genial. Me senté en mi cómoda oficina, frente a esta misma computadora, y acepté por primera vez que no me interesaba en lo más mínimo seguir donde estaba. Me valía madres el plan de crecimiento, lo que quería era salir corriendo de ahí en ese instante y regresarme a la playa.

 

Para ese entonces ya llevaba un par de años en formaciones de yoga (que amaba) y esta práctica me había hecho retomar mi interés por la psicología (fue una de las carreras que consideré estudiar saliendo de la prepa).

 

Las carpetas de “favoritos” de mi navegador de internet estaban llenas de sitios relacionados con psicología, psicoanálisis, filosofía y yoga. Entre esos sitios estaba el plan de estudios de la carrera de psicología de la UNAM.

 

Le eché un ojo ese día. En ese momento lo decidí, me iba a ir a de ahí para dar clases de yoga y estudiar una nueva carrera. Fue rápido y no, fue en un día, pero la idea llevaba 3 años en mi cabeza.

 

En lugar de presentar mi plan de trabajo presenté mi renuncia. Le dije a mi entonces jefe que no me interesaba crecer ahí…. pero que necesitaba trabajo en lo que echaba a andar mi plan. Acordamos un nuevo esquema de trabajo, quedándome solo con una fracción de las responsabilidades que tenía en ese momento.

 

Me puse a estudiar para entrar a la UNAM, menté madres cada día que me senté a estudiar física, química, matemáticas… lo logré. Llegó la pandemia, empecé a dar clases de yoga por Zoom. En 2021 me fui de manera definitiva de mi trabajo, era el momento de soltarlo por completo.

 

Este mes cumplo un año rascándome con mis propias uñas. Ayer le decía a mi mamá que ha sido muy difícil, tan difícil como picar piedra con un cincel de plástico desechable…pero que estoy feliz, satisfecha y lista para seguir chingándole. En realidad lo que sea que hagamos en la vida es MUY difícil, así que mejor esforcémonos en algo que nos llene el corazón.

 

 

Esta decisión implicó para mí un sesudo análisis y balance entre la comodidad del presente vs. la satisfacción del futuro, entre la seguridad vs. la pasión y la aventura. Implicó horas sentadas frente a una hoja de excel haciendo cuentas y cálculos de ingresos, egresos, responsabilidades económicas adquiridas, proyecciones a futuro. Cientos de palabras dichas en terapia, litros de saliva de reflexión. Ver miles de veces videos motivacionales, leer incansablemente frases inspiradoras e historias de personas que han hecho algo similar.

 

En mis años de transición, 2017-2020, viví de cerca la muerte de varias personas queridas, incluso amadas. No son pocas las lecciones que me dejaron esas pérdidas. Una de ellas es que uno muere (más) tranquilo cuando está satisfecho con lo vivido. Y si tenemos la fortuna de saber qué es lo que nos deja tranquilos, ya que no siempre se sabe, es mejor no esperar a hacerlo.

 

Les agradezco infinitamente a todas las personas cercanas que me han apoyado y dado ánimo siempre, impulsándome a moverme de lugar para crecer. También les doy las gracias a los pocos que me han juzgado, que  me han sugerido buscar un trabajo “serio”,  o que incluso me han ofrecido alguno, este tipo de reacciones y comentarios son los que más confirman mi decisión y me animan a no desistir.

 

Pero sobre todo, gracias infinitas a cada una de las personas que han confiado en mí para que guíe su práctica de yoga, me siento muy honrada y sin ustedes esto no sería posible. Cada clase que doy me anima a levantarme y le pone emoción a mi vida.

 

Les comparto algunos de los videos, películas, lecturas y frases que vi, escuché, leí y releí cientos de veces antes de dar el salto:

  • La película “Julie y Julia”, me rehusaba a verla, no se me antojaba. La vi un domingo con mi hermano porque me insistió. La amé. La compré. La he visto más de 5 veces.
  • Alma Delia Murillo, Carta de renuncia voluntaria
  • Steve Jobs´ 2005 Stanford Commencement Address.  Totalmente de acuerdo: “the only way to be truly satisfied is to do what you believe is great work. An the only way to do great work is to love what you do.
  • Connie Schultz , Ted Talk: A Women over 50: a life unleashed. “As long as you don´t listen to that voice of no in your head you are going to surprise yourself.
  • All change evoques fear.” Ravi Ravindra
  • La ética del placer, Graciela Hierro:

“La regla a seguir es agustiniana, en el sentido de dejar que ‘el amor te lleve a donde quiera que vas´, apoyando la construcción del mundo que desees habitar aunque tu existencia no alcance para gozarlo.”

“Se hará referencia al mal, que es el dolor innecesario y se distingue del dolor inevitable. Incluso el trabajo placentero puede traer sufrimiento al desempeñarlo o posponer una satisfacción inmediata, en vista de una mediata. Este sufrimiento es necesario pues finalmente desemboca en placer.”

 

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