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“La noción de resiliencia se refiere a un conjunto de procesos vitales que posibilitan el enfrentamiento de situaciones de sufrimiento con el consiguiente fortalecimiento, transformación personal/ colectiva/ cultural y superación de las adversidades.”
 
Mi mamá me recomendó la mini serie “Las cosas por limpiar” de Netflix. Es una adaptación del libro autobiográfico de Stephanie Land, “Criada: trabajo duro, sueldos bajos y la voluntad de supervivencia de una madre.” La serie me atrapó desde los primeros capítulos.
 
Si tuviera que elegir una palabra para describir esta historia sería resiliencia. Ya Vale Villa asoció este término con la historia de Stephanie (Alex en la serie).
 
En 10 capítulos nos hacemos espectadoras del camino que Alex, una mujer de 28 años, debe recorrer para salir de una relación de pareja violenta. La protagonista malabarea ser madre de una niña no esperada de 2 años de edad, ser hija de una mujer bipolar también víctima de violencia y no tener una educación formal. El único trabajo que Alex consigue es limpiando casas. Alex sueña con ser escritora.
 
La serie muestra el entramado de situaciones personales y sociales que fomentan o impiden que una mujer pueda mejorar sus condiciones de vida. Los patrones de violencia se transmiten de generación en generación y son difíciles de cortar. El trabajo duro y “las ganas” no bastan para salir de la pobreza, se necesitan políticas públicas que pongan el piso más parejo y abatan la desigualdad social.
 
Comparto algunas reflexiones.
 
1. Sobre el título de la serie
 
En inglés la serie y el libro llevan la palabra Maid (criada) en el título. Stephanie señala que eligió este término despectivo a propósito. Con esto da un mensaje: las trabajadoras del hogar son ignoradas y explotadas.
 
En español el nombre de la serie es “Las cosas por limpiar” (no “Las casas por limpiar” que sería más descriptivo). Me parece genial la traducción por su doble sentido. Alex no solo limpia casas, limpia patrones indeseados de su vida. Para lograrlo la protagonista tiene que sumergirse en la mierda.
 
Considero que hay tres episodios muy poderosos en el mundo interno de la protagonista: cuando aprende a identificar su enojo y pierde el miedo a indignarse; cuando acepta por primera vez la violencia que vivió de niña; y cuando se empieza a preguntar cómo pudo llegar a donde estaba (inmersa en ese espiral de violencia), tomando parte de responsabilidad de su situación. Estas tres cosas le permiten limpiar su propia casa.
 
2. La resiliencia es colectiva
 
En el texto El otro y el arte: ensayo sobre resiliencia, subjetividad y cultura,* los autores hacen varias aportaciones valiosas. Parafraseo tres:
  1. Los primeros estudios sobre resiliencia la analizaron como una característica psicológica individual, lo cual consideran que es un error. La resiliencia es social, relacional, nunca se da en solitario.
  2. Para las mujeres vulnerables con hijos la resiliencia solo es posible cambiando sus condiciones coyunturales y posibilitando la inserción social.
  3. Los espacios culturales y de encuentro colectivo son generadores de resiliencia al combatir el aislamiento, las vergüenza y la falta de sentido.
 
La serie ilustra muy bien cómo, por más determinada que Alex estuviera a salir adelante, el apoyo colectivo que recibió fue determinante para lograrlo. Solo asegurando un lugar calientito dónde dormir y qué comer fue posible para ella usar la energía restante en acudir a terapia, trabajar, escribir e imaginarse una mejor vida para ella y su hija Maddy.
 
La incipiente ayuda gubernamental que logró recibir, su estancia en el refugio para mujeres víctimas de violencia, la terapia grupal y el apoyo de mujeres ricas posibilitó que Alex se moviera de lugar. No fue una lucha en solitario. Con mejores políticas públicas hubiera sido más sencillo.
 
3. No hay victorias definitivas ni lineales
 
Stephanie declaró en una entrevista que ser blanca y con cierta formación académica (aunque no había ido a la universidad era capaz de escribir con soltura) la pusieron en una situación de privilegio frente a otras mujeres trabajadoras del hogar. Afirma que su historia de éxito es la excepción y no la norma. Tiene razón.
 
A pesar de eso no me parece que su historia deba subestimarse, tampoco me parece que esté romantizada. El camino de Alex está lleno de altas y bajas.
 
En el refugio de mujeres al que acude aprende que las mujeres, en promedio, regresan 7 veces con sus parejas violentas antes de dejarlas de manera definitiva. Esto en lugar de desanimarnos debería ayudarnos a navegar de manera más amable los procesos de cambio y aceptar que cada persona tiene sus tiempos.
 
Romper cualquier patrón que nos haga sufrir es muy difícil. Saber que el camino está lleno de recaídas nos dará una perspectiva más realista y nos ayudará a persistir, a pedir y a aceptar ayuda. También contribuirá a no menospreciar pequeños cambios que, como semillitas, terminan floreciendo con tiempo y cuidado.
 
Me conmovió mucho en la serie lo potente y útil que es para Alex una meditación que aprende en su terapia grupal. Evidentemente una meditación no cambia su vida, pero en momentos límite la ayuda a ser dueña de sí misma, evaluar la situación y a actuar de la forma más sabia posible.
 
 
Les recomiendo mucho la serie, cuando la vean cuéntenme qué les pareció.
 
 
*Ensayo escrito por Boris Cyrulnik, Sandra Cabral y Maria Angela Matar Yunes. Publicado en el libro “Transdisciplinariedad y educación del futuro” / Florence Dravet, Florent Pasquier, Javier Collado, Gustavo de Castro, organizadores — Brasília: Cátedra UNESCO de Juventud, Educación y Sociedad; Universidad Católica de Brasilia, 2020 
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