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Imagen Sarah Illenberg vía The Atlantic

El 10 de octubre fue el Día Mundial de la Salud Mental. Por esa razón decidí escribir sobre mi santísima trinidad para atenderla: terapia, Prozac y yoga. 

La semana pasada escribí una pequeña introducción del tema de salud mental y sobre la terapia. Hoy toca Prozac, la siguiente semana cerramos con yoga.

 

Por si no leyeron la entrada anterior del blog, reitero cuatro aspectos que me parecen importantes:

  • Los factores sociales, psicológicos y biológicos inciden tanto en la salud como en la enfermedad mental. Que nos caiga el 20 de esta frase nos va a salvar de querer solucionar los problemas mentales graves con remedios mágicos o solo atendiendo un frente e ignorando los otros. 
  • Escribo como persona medianamente informada, como paciente curiosa, y como estudiosa y practicante de yoga. No soy experta en salud mental ni terapeuta, estoy estudiando psicología pero soy una humilde estudiante de 3er semestre.
  • Mi intención es poner un granito de arena para vencer el estigma que hay entorno a la salud mental y, tal vez, animar a alguien a buscar la ayuda que no se ha animado a buscar. 
  • Solo un psiquiatra puede recetar medicamentos para atender padecimientos mentales.

Listo, sigamos con la segunda parte de la tríada.

2. Prozac

Mi historia con los antidepresivos va pegada con la de la terapia. Mi psicoterapeuta es también psiquiatra, por lo que puede medicar. 

Desde mi primera visita en 2017 me preguntó si tenía alguna objeción en tomar medicamento, no la tenía y me sentía tan mal que no lo dudé. Me recetó fluoxetina (Prozac, nombre comercial).

El Prozac fue desarrollado por el laboratorio Eli Lilly a finales de los años 80 y fue una revolución en el mundo de la psiquiatría. Fue el primer medicamento de su tipo: inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina.

Explico de forma muy resumida: la serotonina es conocida como el neurotransmisor (sustancia química que segregan las neuronas para comunicarse) del bienestar. 

Este tipo de medicamentos hace que la serotonina se “quede» más tiempo presente en el cerebro, evitando que se reabsorba rápido.

El Prozac fue para la depresión y la ansiedad lo que el Viagra fue para la disfunción eréctil. Es parte de la cultura popular y su nombre se usa casi como sinónimo de antidepresivo (ya hay muchos tipos). 

Al igual que con el Viagra ha habido críticas sobre el papel de la medicación en el tratamiento de la depresión. 

El título del libro de superación personal “Más Platón y menos Prozac” resume el asunto. Tomar medicamento se ve como la salida fácil, la artificial, capitalista, la que nos adormece y nos hace víctimas del sistema. 

PROZAC SAMPLE AD

 Imagen Hari Seldon vía Flickr

No dejemos que nuestra alma de izquierda -con tendencia a odiar todo lo que venga “de la industria”- o nuestra alma yóguica -que repudia lo que “no es natural”- nos nuble el pensamiento y limite la razón. 

Hay dos hechos: los antidepresivos son efectivos y la depresión es la causa número uno de años asociados a discapacidad en mujeres en México (detalles en el blog de la semana pasada). No tenemos por qué vivir una mala vida. 

Por centésima vez: los trastornos mentales tienen componentes biológicos, psicológicos y sociales. Los medicamentos psiquiátricos atienden lo biológico, ¿eso resuelve todo? evidentemente no, ¿eso le sirve a todas las personas? tampoco (nada lo hace), pero a muchos nos ayudan y mucho.

Aproximémonos con mente abierta al asunto.

Regreso a mi experiencia 

Escribir en primera persona sobre antidepresivos me pareció demasiado en un inicio. Consideré dos opciones: solo hablar de terapia y yoga, o hablar de esto pero deslindándome, desde un punto de vista casi académico e informativo.

Decidí contar mi experiencia porque me di cuenta que hay prejuicios al respecto y yo misma los tengo; porque ya hay demasiada información con un enfoque meramente informativo y factual; y porque historias personales, íntimas y honestas son las que me han hecho reflexionar sobre el valor de la medicación psiquiátrica (no los libros de texto).

Somos seres sociales y constantemente estamos evaluando nuestro entorno para irle “midiendo el agua a los camotes.” Examinamos qué está bien visto y qué es reprobable. Considerando todo eso nos vamos adapatando de manera consciente e inconsciente. A veces es necesario.

Acepto que mis prejuicios sobre la medicación vienen de mensajes (velados y no tan velados) de mi entorno: quienes conozco que toman antidepresivos no lo hablan tan abiertamente, y dentro del mundo del yoga y la psicología hay mensajes adversos hacia ellos (esto, evidentemente, no es generalizado).

Tomar antidepresivos fue como si me lanzaran un salvavidas mientras me estaba ahogando. Me permitió salir a respirar con calma… la nadada a la orilla ha corrido por mi cuenta. Me gustaría no necesitarlos, créanmelo. Me gustaría decir que con aceitito de CBD, la mezcla “Serenity” de Doterra, meditación y una ceremonia de psicodélicos al año estoy “cool». Pero no es así. 

En 2017 (antes del yoga y de empezar a estudiar psicología) no tuve problemas en empezar a tomar  antidepresivos. Me sirvieron mucho y después de aproximadamente un año los dejé. Lo sentí como un gran logro. Ya practicaba yoga, ya meditaba (confieso que no soy una gran meditadora) y llevaba tiempo en terapia. Se sentía bien “dejar las muletas”, ya podía solita. 

Estuve un tiempo sin medicamento hasta este año que empecé, más que con depresión, con mucha ansiedad, angustia e incluso ataques de pánico.

A pesar de que ahora tengo muchas más herramientas para manejar mi ansiedad/ depresión, me rendí. Y me alegro de haberlo hecho. 

Me di cuenta que estaba invirtiendo muchísima energía en “calmarme”, en “sentir”, en “procesar” mis sentimientos y emociones. En aplicar, como la alumna aplicada de 10 que siempre he sido, cuanta técnica he aprendido. 

Me estaba costando los dos ovarios tomar decisiones, y enfrentar cualquier problema que se me cruzara. Me resistí temporalmente a volver a tomar medicamento, en el fondo lo veía como un retroceso, como si mis otras estrategias fallaran.

Mis herramientas no sirvieron para quitarme la ansiedad, pero sí para ser consciente de que me estaba afectando más de lo que podía soportar. Y eso fue un gran paso. 

Regresé a tomar Prozac (recetado por mi psiquiatra), y soy otra. De nuevo me cayó del cielo de las farmacéuticas un salvavidas que me permite disfrutar el yoga, meditar, escribir este blog, ir más profundo en mi terapia sin abrumarme por el llanto y resolver los problemas que se me ponen en frente.

Imagen César Trinca- Artsy vía Pinterest

Hoy estoy convencida que toda mi vida tendré tendencia a la angustia y a la depresión. Y me siento bien aceptándolo. No espero “curarme” ni vivir feliz todo el tiempo. Pero sé que hay herramientas que me ayudan a vivir, con las buenas y malas emociones que eso conlleva.

Si existiera una sola estrategia que resolviera los problemas mentales de todas las personas ya no hablaríamos del asunto. La vida es una eterna resolución de conflictos, y nos toca buscar la combinación de soluciones que a cada quien nos funcione.

Evaluemos con mente crítica y decidamos con criterio propio. Pongamos en una balanza los perjuicios y beneficios. Todo en esta vida tiene riesgos y costos. 

Quiero compartir algunos de los recursos que me ayudaron a tomar la decisión de volver a medicarme. Estoy segura que podrán darle luz a alguien más.

a) Libro de Bessel van der Kolk, M.D., «The Body Keeps the Score: Brain, mind and body in the healing of trauma»

El autor es un psiquiatra holandés especializado en síndrome de estrés post traumático. Ha trabajado durante décadas con veteranos de guerra y víctimas de abuso sexual. Es un promotor de terapias alternativas (por ejemplo yoga y teatro) en el tratamiento del trauma.

Retomaré este libro la semana que entra porque me encanta la forma en la que explica por qué el yoga es tan valioso para la salud mental y procesar el trauma.

Por ahora les cuento que este médico fue de los primeros en hacer investigación con pacientes para medir la efectividad del Prozac (en 1988). 

Bessel hace críticas fuertes a la medicalización a diestra y siniestra y a la industria farmacéutica. Me gusta que no tiene una postura radicalizada ni dogmática (cosa rara en estos días). Acepta la utilidad de los antidepresivos y señala sus límites.

Les dejo agunas citas textuales (en inglés):

“You have a drug that helps people to be in the present, instead of being locked in the past”.

(Conversación de Bessel con representante de Eli Lilly en 1988, después de haber probado por primera vez Prozac con algunas de sus pacientes)

“Before taking Prozac these patients’ emotions controlled their reactions. Prozac made a radical difference: it gave Post Traumatic Stress Disorder patients a sense of perspective.”

“The SSRIs [la familia de medicamentos de la que es el Prozac] can be very helpful in making traumatized people less enslaved by their emotions, but they should be considered adjuncts in their overall treatment.”

b) Alison Potts, «Yogis talk mental health: breaking the stigma around medication», Blog Shut up and Yoga (en inglés)

Shut Up and Yoga es el mejor blog de yoga que conozco, publican cosas inteligentes. Este artículo me llegó al corazón y leerlo me animó a escribir de este tema.

Dos maestras de yoga cuentan su experiencia tomando antidepresivos, nos invitan a dejar atrás los estigmas y a decidir en libertad sobre el camino a seguir. 

La autora cuestiona el papel de los maestros de yoga que se atreven a aconsejar a sus alumnos solo usar métodos naturales para tratar desórdenes mentales (créanme, los hay). 

«How revolting is it that we live in a world where people will judge somebody for taking antidepressants just because that person is a yoga teacher? This idea that taking antidepressants proves yoga doesn’t work is just so shallow and narrow-minded. Yoga does not fix everything.” 

Alison Sykes, Clear Skies Yoga

«Most of all, I want the stigma around mental health and treatment to be lifted so that every single being has an option, a pathway and support that honours their right to be well and happy to be alive.”

 Alison Potts

c) IG live de Jorge Cantero (psicólogo y psicoterapeuta) con el Dr. Alfredo Zúñiga (psiquiatra), “Ansiedad y depresión: tú puedes retomar tu vida”

Me encantó esta plática de entrada porque reúne a dos especialistas que, por lo general, no colaboran: psicólogos y psiquiatras. 

En ella explican las bases biológicas de la depresión y ansiedad, cuentan un poco de la historia de los antidepresivos, los efectos secundarios, sus beneficios y sus límites.

Y ya para cerrar

Buscando imágenes de Prozac me salieron varias páginas que hablaban del potencial de la cúrcuma como remedio para la depresión. 

Les dejo los links por si les interesa el tema. 

Curcumin in Depression: Potential Mechanisms of Action and Current Evidence- A Narrative Review

A systematic review of the antidepressant effects of curcumin: Beyond monoamines theory

Yo empezaré a empanizar mi Prozac en cúrcuma, eso será lo más lejos que llegue con la medicina alternativa. 

p.d. no tengo conflictos de interés que declarar, no recibo ningún patrocinio de la industria farmacéutica. 

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